Zen y punk

El zen y el punk es básicamente lo mismo. Ambos se sitúan en el presente y en la búsqueda de una vida activa, intensa y plena. El pasado y el futuro no existen solo contamos con el ahora. El pasado ya pasó y el futuro cuando llegue será otro presente más.

El zen predica la autenticidad y la búsqueda de nuestra naturaleza interior; el punk, por su lado, es un canto a la espontaneidad y a la unicidad de cada individuo frente a la moda y a la cultura de masas. Una misma defensa de la marca personal por encima de las formas de cada uno de los movimientos que representan. Como digo en mi último libro, “Think Punk”, un monje y un punk son esencialmente lo mismo, más allá de su forma de vestir o su corte de pelo.

El fotógrafo José Luis Pujol me hizo una fotografía en la postura del zazen, haciendo una peineta con cada mano. Es una fotografía que representa fielmente la actitud de la persona que comulga con el Think Punk: un sujeto que cultiva “su mundo” y le hace una peineta a la mediocridad y a la sin razón de “el mundo” que nos ha tocado vivir. Nuestro mundo es un lugar del que tenemos la máxima responsabilidad y que podemos construir con nuestros principios y creatividad. Así lo hace el budista cuando medita en busca del vacío que lo conecta con la vida y consigo mismo; y, así lo hace el punk que se lanza al escenario a hacer más ruido que nadie intentando acallar el caos de su alrededor. Por contra “el mundo” es básicamente una mierda. Personalmente no tengo ningún interés a estas alturas de dejarme la vida intentando cambiar un mundo en el que no creo, sin embargo, albergo la esperanza de que si todos hacemos de “nuestro mundo” un lugar respirable y radicalmente bello, algún día, la suma de todos estos micro mundos harán de “el mundo” un lugar mejor.

Zen y punk, dos caras de la misma moneda llamada Think Punk.

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