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Lo que opina Mario Conde de mi libro “TÚ ERES DIOS”

Ecequiel Barricart TÚ ERES DIOS Mario CondeSabéis que creo profundamente en la teoría de Steve Jobs que dice que la vida se encarga de “unir los puntos”. No sé exactamente cuáles son los puntos que nos unen a Mario Conde y a mí, ni porqué. Intuyo que más allá de nuestra conexión vía Twitter, tenemos en común un Tao que amamos y una visión de la marca personal, que en mi caso y sin duda el suyo, intentamos defender con valentía, pasión y verdad interior. Sin embargo, lo que es claro, es que ha tenido la grandeza de leer mi libro y dedicarme un comentario sobre el mismo que quiero compartir con vosotros y, por el cual, le estoy inmensamente agradecido. Gracias, Mario.

Comentario de Mario Conde sobre mi libro “TÚ ERES DIOS”:

“El libro de Ecequiel Barricart, editado por Alienta, aparece ante el público con un título que, amén de sugerente, puede, sobre todo, parecer irreverente, puesto que se conforma con esta frase “Tu eres Dios”, con el subtitulo de “Y tu marca personal tu religión”. Dios, religión y “marca” parecen términos que pertenecen a planos distintos y eso puede confundir profundamente a quien tiene el libro en sus manos y no ha decidido comenzar su lectura. Incluso puede generar cierto rechazo cuando los dogmas imperantes al uso se superponen y fagocitan la capacidad de penetrar en nuevos mundos de ideas.
Al comenzar a leerlo recordé la segunda de mis estancias en el monasterio cisterciense de Sobrado, en mi tierra gallega. Por decisión del Abad pude participar en un “capítulo” y se me concedió la palabra para que planteara a la comunidad una cuestión que pudiera interesar. Traje a la atención de los asistentes una frase bíblica atribuida a Jesús: “si podéis pensar como dioses, ¿por qué pensáis como hombres?”. La diferencia entre un modo de pensar”como hombres” y modo de pensar “como dioses” puede resultar chocante, de no ser porque en la propia Biblia se hace alusión a que nosotros somos “dioses”, en ese concepto de los místicos cristianos, sobre todo de M. Eckhart, referido a la chispa divina que habita en nuestro interior.
Bien, pues si se me permite, creo que el libro de Ecequiel camina en esa dirección. Se trata simple y llanamente de recuperar el verdadero valor del individuo en cuanto tal. A lo largo del libro es constante la referencia a la recuperación de tu “individualidad”, de tu “yo interior”. Tiene, sin la menor de las dudas, un trasfondo conceptual y filosófico que conecta con la filosofía oriental, posiblemente en términos de budismo o incluso taoísmo. Pero sobre ese trasfondo construye un edificio de utilidad para quien lo lea porque es continuamente una llamada, incluso dramática, a “sé tu mismo”. Y no porque sí, sino porque dentro de nosotros habita un mundo interior extraordinariamente rico. Los humanos nos instalamos en demasía en lo que Ecequiel llama la “zona de confort”, territorio en el que subsistimos, vegetamos más que vivir una vida realmente auténtica, sin atrevernos en demasiadas ocasiones a salir de esa cárcel para intentar ser lo que en realidad nos gustaría ser.
Relata el ejemplo de Andrés Pascual que se atrevió a abandonar en cierta medida su zona de confort para encontrarse —por cierto con éxito— con su verdadera vocación de escritor. Ecequiel, a propósito de Pascual, construye esta frase: “ Yo conozco muy bien el camino que ha recorrido hasta llegar a su paraíso deseado, y para mí es el auténtico ejemplo de que las personas poseemos un talento innato y de que si dejamos de ponernos excusas para no conquistar nuestros sueños, estos se convierten en realidad sí o sí”.
Bonita frase, dirán algunos, pero no pasa de ser un producto literario porque nuestras vidas, nuestras circunstancias personales, son lo suficientemente complejas como para poder abordar ese cambio de rumbo en nuestras vidas. Estamos atados por la multitud de lazos que genera la forma de vivir en nuestra civilización actual.  Pues a este modo de pensar Ecequiel responde: “no es verdad, solo hace falta tomar la decisión y salir de nuestra zona de confort. Incluso cuando ese paraíso deseado está aparentemente fuera de nuestro alcance, te diré en palabras de Confucio, que no hay nada que no puedas hacer decentemente en un plazo de tres años”.
La idea del talento interior, del yo interior, de la recuperación de la noción de ser realmente individuo se manifiesta de modo constante a lo largo del libro y lleva a frases como esta: “Es necesario tener criterio, opinión y sobre todo un discurso propio” y para diferenciar al individuo de la masa sentencia: “la masa no tiene ni idea de lo que necesita hasta que se lo dice la tele”.
En este contexto elabora lo que llama el “contrapensamiento”​, que define como “pensar desde el vacío, más allá de las convenciones, huyendo de la verticalidad, por encima de las posibles derivadas laterales. Comenzar el proceso creativo por la idea”.
Termino con una distincion interesante que aparece en la páginas finales del libro: la diferencia entre un logotipo y una marca verdadera. Lo primero —dice— es solo un dibujo. Lo segundo, para ser verdaderamente una marca, tiene que consistir en una expresión del “alma”. Por ello  “las marcas en muchos casos son escaparates de neón enchufados a una máquina de hacer dinero. Me he dado cuenta de que solo existen las marcas de verdad y las marcas de mentira…”
Es un libro que contiene una cantidad nada despreciable de conceptos interesantes. El tránsito desde la búsqueda del yo interior a la marca “verdadera” le acaba conduciendo a un territorio socialmente delicado: la idea de empresa, basada en la noción de utilidad social, porque, en su opinión, es necesario en el concepto de empresa descubrir “cuál es la utilidad social de su cuenta de resultados para sus trabajadores, clientes, proveedores, accionistas y demás”
Sinceramente me ha merecido la pena leer este libro pequeño en extensión pero capaz de aportar reflexiones sobre nosotros mismos y sobre la sociedad con ideas de fondo que en muchos casos comparto”.

Mario Conde

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